Magazine SirenA
Nos escriben: Relatos
Amiga Sirena le escribo para contarle mi experiencia que tuve con mi primo la semana pasada cuando fui a visitar a mis tíos, pero cuando llegue salio mi primo a recibirme y me dijo que estaba solo porque sus padres se encontraban en el hospital acompañando a un vecino que se había accidentado.Mientras regresan puedes pasar, estoy viendo una película, me dijo y yo acepte. Él estaba a un lado del sofá, y yo al otro extremo, mirando la película.; cuando empezó una escena subida apasionada, esa que además dejan algo más para la imaginación por lo que mire de reojo a mi primo, y ví como debajo de su pantalón largo y ligero se había formado un bulto, él me vio y se puso rojo de vergüenza, supongo que yo también me puse roja. Seguimos como si nada viendo la película, aunque se me quedo grabado en la mente el bulto.
Por mis estudios, Yo llevaba mucho tiempo sin tener contacto con un hombre, y aquello estaba nublando mi sentido, mi deseo empezó a incentivarse. Hasta que , otra escenita en la película, me estaba excitando, mientras que el bulto debajo del pantalón de mi primo volvía a formarse pero esta vez más grande.

Mi primo, quería irse a otras habitación, pero yo lo agarre del brazo , y le dije que la película estaba interesante que no podía irse en ese momento, lo que hizo que se pusiera nuevamente rojo, lo que me pareció algo inocente, provocador y despertó mi instinto seductora. Me puse a mirarlo, a observarlo, y el se ponía cada vez más nervioso, moviéndose, cambiando de posición, intentando ocultar su excitación a mis ojos, aquella aparente inocencia me enloquecía. Tomé su mano suavemente y lo puse sobre mi muslo, mientras que con la otra mano lentamente agarraba aquel bulto que tanto había estado mirando.
Pase mi mano por encima, acariciándolo, notando su pinga por encima de la tela, estaba durísimo, muy caliente, sus huevos blanditos los manejaba entre mis dedos, estaba extasiada tocándole. Él cerraba los ojos a veces y otras veces miraba mi mano incrédulo, suspiraba, respiraba profundamente, estaba rojo, sudaba cada vez mas, y yo disfrutaba viéndolo así.
Seguía tocándolo, acariciándolo, pasando mis dedos sobre su pinga, masajeando sus enormes bolas, con mi otra mano levante su polo, dejando su pecho al descubierto, pasando mi mano y bajándola hasta descubrir su pinga, la tenia enfrente, tan dura, tan gordita, era maravillosa, corta pero gruesa, estaba mojadita y palpitaba.
Empecé a pasar mi mano sobre su tronco, subiéndola y bajándola, no acababa de hacerlo mas que dos veces cuando sentí que se ponía tensa, así que la agarre fuerte y la masturbe con fuerza. Se corrió de una manera descomunal, como no había visto nunca, saltaban chorros de semen sobre su vientre, sobre mis manos, uno tras otro, salían con fuerza y lo empapaban todo, escurría sobre la cabeza de su pinga, sobre su tronco, mi mano lo recogía para seguir pajeándolo, quería que se sintiese bien, que descargara todo lo que tenia acumulado. Lo mire a los ojos, tenia una expresión ligeramente apenada, quizá por acabar tan pronto, lo besé en la frente, salada de sudor, le di un beso en sus labios, un piquito y lo mire apasionada, no dejaba de masturbarle su pene medio blandito ya.
Estaba tan excitada que haría cualquier cosa, e hice algo que no suelo hacer nunca, me agaché y empecé a besar su vientre lleno de leche, a lamérselo, lo saboreaba, pasaba mi lengua por todo recogiéndolo, hasta llegar a su pinga, todo mojadito, pase mi lengua por sus huevos, le estaba haciendo tener escalofríos, me encantaba. Comencé a metérmela en la boca, toda manchada de leche, estaba blandita, jugaba con ella en mi boca como un caramelo, un caramelo calentito que comenzaba a endurecerse de nuevo. No paraba de chupársela, saboreando cada centímetro de esa piel caliente, notando como iba creciendo en mi boca, poco a poco, cada vez mas gordita.
Estaba alcanzando su tamaño de esplendor, esta vez dentro de mi boca, la notaba dura, mientras le pasaba mi lengua por su cabezota, por la puntita, y apretaba mis labios a lo largo de su tronco. Lo tenia todo babeadito, lo miré a sus ojos y estaba como en otro mundo; pero cuando estaba por ponerme encima suyo, para introducirme toda esa pinga en mi concha, sentimos el motor del carro de mi tío; por lo que me rápidamente nos separamos, quedándonos con ganas al no poder culminar la faena.Entraron mis tíos y nos encontraron como dos angelitos virando la tele; pero nuestro pensamiento estaba pensando e imaginando un nuevo encuentro para terminar lo que habíamos comenzado y debe ser este fin de semana en un campo neutral para que nadie nos interrumpa.Te volveré a escribir después del encuentro.Muchos saludos. Nora